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sábado, 13 de agosto de 2016

El sesgo individualista de los ricos (y no tan ricos)

"Porque fui malo en mi vida anterior.
Porque Allah así lo ha querido. Porque los pobres no hacen nada para salvarse. Porque es mi destino..
Estas son algunas de las respuestas a la pregunta planteada por William T. Vollmann en ciudades y pueblos de todo el mundo ¿Por qué eres pobre?
El resultado de esta revolucionaria investigación es una visión de la pobreza inédita hasta hoy, un retrato que muestra la desesperación y la brutalidad de este mal endémico, su orgullo y su terror, su miseria feroz y su callada resignación. Vollmann rompe por fin el silencio de los pobres que explican en primera persona las causas y consecuencias de su situación, y lo hacen con su lenguaje, dentro de sus términos socio-culturales y religiosos, a salvo de las deformaciones habituales del tercer mundo..Un centenar de fotografías de los entrevistados completan este documento de valor indudable para la comprensión de esta antiquísima enfermedad social.."
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El fragmento anterior se corresponde íntegramente con la sinopsis de la obra de Vollman, Los Pobres.
Hace ya tiempo, en Mundiario publiqué una entrada al respecto, de la que recupero la parte donde, partiendo de la reflexión de un lector, se planteaba la pregunta en reverso. ¿Por qué no eres pobre? o, en su versión afirmativa, ¿Por qué eres rico?
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El ensayista y periodista norteamericano William T. Vollman había formulado durante diez años a personas de todo el mundo la pregunta: ¿por qué eres pobre?

Detrás de todas las respuestas y, dependiendo del contexto cultural donde se formulase la pregunta, subyacía el fatalismo que, como bien apuntaba el lector, lo hacía adoptando diversas formas: ley del karma, Dios, la pereza, el destino, etc.
Definido de manera sucinta, dicho fatalismo haría referencia al tipo de relación que se establece entre las personas y un entorno social que perciben como incontrolable y que cimenta una actitud con enorme poder para favorecer tanto la desmovilización política de las mismas como el mantenimiento del statu quo.
No obstante, qué ocurriría si le diésemos la vuelta a la pregunta de Vollman: para poder formulársela a los ricos o a las clases sociales acomodadas: "¿Por qué no eres pobre? 
Bajo un seudónimo, uno de nuestros lectores en Diagonal, vaticinaba que prácticamente ninguna de estas personas respondería como posible causa de su situación favorable, el resultado de doscientos años de luchas populares, por ejemplo. Más bien, sus respuestas se centrarían en causas individuales, como que son trabajadores, guapos y talentosos.

Todo este conjunto de apreciaciones podría ponerse en relación con lo que se conoce en Psicología como atribuciones de causalidad.
En este sentido, al plantear la pregunta “¿por qué eres pobre?”, Vollman había obtenido respuestas que situaban la causalidad en factores externos al individuo y estables, por tanto, difíciles de modificar.

Sin embargo, al plantear la pregunta a la inversa: “¿por qué eres rico?”, o de manera análoga: “¿por qué no eres pobre?”, probablemente las atribuciones de los individuos se centrarían más en factores personales o internos.

Dicho de otro modo: los pobres realizarían atribuciones de causalidad externas de su situación- el destino, el karma, la mala suerte, etc; mientras que, los que tienen dinero o incluso la “clase media europea” a la que aludía nuestro lector (que, dicho sea de paso, también sería corresponsable de mantener el statu quo) llevaría a cabo atribuciones de causalidad sesgadas individualmente y centradas en factores internos: la valía personal, la inteligencia, la capacidad de trabajo y sacrificio.

Pero ¿cómo modificar los errores de atribución?

La estrategia que se conoce como empoderamiento desde abajo (empowerment) trataría de modificar las atribuciones y actitudes fatalistas derivadas de la pobreza para que estas personas logren una mayor percepción de control sobre la realidad político social. Si bien esta tarea en sí es ardua,
resulta algo bastante más complicado modificar la percepción de la realidad social que tienen las personas que poseen cierto estatus económico, quienes tenderían a rechazar la idea de que su éxito se deba a factores externos y no individuales (como a la historia de luchas populares- retomando el ejemplo anterior- o al esfuerzo colectivo).